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Se ha ido Ana María Matute

Infinita tristeza embarga cuando nos deja uno de esos contadores de historias que nos conducen a través de la maestría y el encanto de sus párrafos a esos lugares que todo lector ansioso visita, viviendo por horas y horas en rincones menos hostiles que el mundo que habitamos.

Hoy se ha ido una de esas narradoras que ha sido fuente de delicias, ilusiones e inspiración para tantos de nosotros; una escritora que nos deja, haciéndonos sentir un poco huérfanos.

Ana María Matute ha fallecido a los 88 años en Barcelona. La tercera mujer en ocupar un asiento en la Real Academia Española en sus tres siglos de historia pasa a formar parte del Olimpo de nuestras letras, laureada con numerosos premios literarios por su prolífica obra, y candidata en tres ocasiones al Premio Nobel de Literatura. 

Seguramente, a partir de ahora, circularán halagos, loas y lamentos varios de muchos que ni siquiera han leído sus libros, tal y como siempre suele ocurrir en estos casos. Sobre todo, escucharemos hasta la saciedad las alusiones a la literatura de posguerra y a sus historias infantiles, pero algunos no la recordaremos solo por eso.

Si ha habido una Gran Dama de la Fantasía en nuestro país, esa ha sido Ana María Matute.

Cualquier amante del género fantástico se siente abocado a considerar que, si ha habido una Gran Dama de la Fantasía en nuestro país, esa ha sido Ana María Matute. Aranmanoth, La torre vigía o la imprescindible Olvidado rey Gudú, son obras de referencia para cualquiera de nosotros, y la lectura de esas historias resulta un auténtico deleite.

He recurrido a la escritora barcelonesa cada vez que alguien me ha dicho eso de: «Yo no leo fantasía. No me gusta lo fantástico», respondiendo: «¿Has leído Olvidado rey Gudú?». La mayoría contestaba que sí, tal fue el éxito de la novela cuando se editó; pero asimismo, a todos les costaba reconocerle esa etiqueta, bajo los prejuicios de un género que en nuestro país vive a la sombra del realismo.

No puedo más que sugerir, al margen de los lamentos y la tristeza, que lean sus historias si todavía no lo han hecho, y que regresen a las tierras del Conde Olar o al Gran Río si ya han recorrido sus caminos. Al fin y al cabo, es el mayor homenaje que puede hacerse a un autor. 

Ana María Matute siempre vivirá en su obra y nosotros nunca la olvidaremos.

Entrevista de Rosa Montero a Ana María Matute, con motivo de la publicación de Olvidado rey Gudú, aquí.

Ubicación

A Coruña, Galicia (España)

Correo electrónico

info@silviapato.es